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Exilio celeste.

Relatos Dreamers

     Soy Cénit.
     Soy Cénit.
     Soy Cénit. Único habitante de la Estación Nadia, último de los desterrados a las estrellas por burócratas, abandonado a su destino en un cielo sin dioses.
Imaginad que sois astronautas de un país pequeño aunque ambicioso, tan pobre y de recursos tan precarios que, adivinando posibles accidentes que dañarían su frágil prestigio internacional, oculta al mundo la creación y existencia de su propia estación espacial.
     Luego imaginad que ocurre el desastre.
     El accidente en la lanzadera mató a Cosmo (pobre Cosmo) y nos dejó a Celeste y a mí varados en Nadia. Mi pequeña patria, sin presupuesto para misiones de rescate, prefirió dejarnos así, perdidos e ignorados en medio del vacío.
     A solas los dos, Adán y Eva si Edén, durante quién sabe cuantos meses, Celeste se convirtió en toda mi realidad, y aunque había dejado a alguien esperándome en casa, no me fue difícil olvidarlo.
     Más, ¿cómo convenceros de mi existencia?. ¿Qué sino esta nota póstuma demuestra que estoy, estuve o pude haber estado allí donde una vez creísteis ver una estrella?.
     Celeste murió ayer. Cuando la órbita de la estación comenzó a caer se lanzó a través de la esclusa de aire a esa absoluta ausencia exterior.
     Y yo morí también, pues aunque mi cobardía me impidió seguir su camino, ¿cómo podría estar vivo en vez de muerto no habiendo nadie para apreciar la diferencia?.
     Antes de que la atmósfera ígnea de vuestro mundo destruya el que ha sido mi hogar, lanzaré este mensaje cual botella de naufrago para que sepáis qué era aquella estrella fugaz que tal vez veréis caer esta noche.
     No encontrareis restos, seré polvo antes de tocar el suelo. Quizás la brisa me esparza por doquier, acaso me lleve hasta mi antigua casa, hasta mi Nadir. ¿Me reconocerá cuando las cenizas de lo que fui acaricien su rostro?. ¿Oirá al viento susurrar mi nombre?.
     Si así fuera, mentidle. Decidle que el helado espacio no enfrió mi alma, que el vacío éter no ahuecó mi cuerpo. Que el exilio celeste al que me condenaron no me alejó de las raíces que una vez planté a sus pies, aún cuando nada de todo eso sea cierto.
     Recordadme. Soy Cénit.
     Soy Cénit.
     Soy Cénit.Añadir Anotación


ENLACES
Dibujos varios.
Sigmund Nemo, 13 de Octubre de 2004
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